Actualmente, en España un 19% de la población adulta padece obesidad y un 37% tiene sobrepeso. En la población infantil el panorama no es mucho mejor: hasta un 40,6% de los niños y niñas presentan exceso de peso, situando a España a la cabeza de Europa. Es causa de más de 200 enfermedades (diabetes, cáncer, cardiovasculares) y genera un sobrecoste médico directo de 1.950 millones de euros anuales.
Son sólo algunos datos sobre una enfermedad crónica y multifactorial, “que no depende de la voluntad individual”, según subraya la Dra. Andreea Ciudin, de la Junta Directiva de SEEDO y que trabaja en el Servicio de Endocrinología y Nutrición Hospital Vall d’Hebron (Barcelona), quien también aclara que “no estamos ante una enfermedad única, sino que engloba a muchas enfermedades crónicas que tienen en común el exceso y/o disfunción de la grasa corporal que impacta de forma negativa en la salud”. Junto a esto, se añade “el estigma y la discriminación que aún subsiste hacia las personas con obesidad”.
La prevención es la solución
Ante esta perspectiva, la prevención es esencial. Sin embargo, para actuar de forma eficaz se debe atender a los múltiples factores implicados en los diversos tipos de obesidad: biológicos, genéticos, psicológicos y medioambientales.
“Si bien, algunos tipos de obesidad no dependen de los factores medioambientales, y la enfermedad no se puede prevenir solo con intervención sobre estos determinantes sociales de la salud, en otros casos estos factores juegan un papel fundamental, provocando la obesidad y/o haciendo que sea más grave y se asocie con un mayor número de complicaciones”, admite la Dra. Ciudin. Pero dados los mecanismos biológicos de la enfermedad y los diversos estadios de gravedad, “no podemos centrar los esfuerzos solamente en la prevención primaria (evitando la aparición de nuevos casos), sino también en la prevención secundaria (evitando complicaciones de la enfermedad) y en el tratamiento adecuado de los pacientes que ya la sufren”, indica.
Incipiente investigación
Esto entronca con la idea de que la obesidad no se deriva de un problema de ‘falta de voluntad’, sino de sistemas biológicos complejos que ahora empiezan a conocerse mejor y que pueden repararse con estrategias preventivas y terapéuticas cada vez más personalizadas. “La obesidad es, en gran parte, un problema de ‘cables cruzados’ entre intestino y cerebro; nuestro trabajo busca reparar ese cableado, no culpar al paciente”, según la Dra. Luisa Mª Seoane Camino, vocal de SEEDO y coordinadora del Grupo de Fisiopatología Endocrina del IDIS/Hospital Clínico Universitario Santiago de Compostela.
Existe una incipiente investigación en este sentido, con avances extraordinarios en algunos ámbitos, como el eje intestino‑cerebro que, a través de nervios, hormonas digestivas, sistema inmune y bacterias intestinales, actúa como un ‘teléfono rojo’ que regula hambre, saciedad, gasto energético y riesgo de obesidad y diabetes. “Se establece un diálogo entre intestino, cerebro, músculo y tejido adiposo. Este eje intestino‑cerebro controla el hambre, la saciedad, el gasto energético y hasta el placer que sentimos al hacer ejercicio”, informa la Dra. Seoane, quien considera que “la obesidad debe entenderse como un problema de comunicación entre intestino, cerebro, músculo, tejido adiposo y microbiota, y no solo como `comer mucho y moverse poco’”.
Se han identificado nuevos mensajeros naturales que protegen o empujan a la obesidad. Así, por ejemplo, la lactancia materna prolongada, ciertas hormonas gástricas, las vesículas extracelulares y las miokinas del músculo son mecanismos fisiológicos naturales que protegen frente a la obesidad y sus complicaciones. De hecho, los nuevos tratamientos (fármacos tipo GLP‑1, dianas gástricas, intervención sobre microbiota, estimulación nerviosa y ejercicio) buscan imitar o potenciar estos mecanismos naturales para reprogramar el sistema metabólico. “Las nuevas terapias se inspiran cada vez más en la fisiología: imitar lo que hace un intestino sano, una microbiota equilibrada, un músculo activo o una lactancia prolongada”, resalta esta investigadora.
La idea es pasar de comprender los circuitos a diseñar tratamientos más humanos y personalizados. “Al mapear estos circuitos (hormonas digestivas, microbiota, eje intestino‑grasa‑hígado, miokinas musculares y señales de la lactancia) estamos abriendo la puerta a terapias que imitan mecanismos naturales y a estrategias preventivas (como la lactancia materna prolongada, el ejercicio y la dieta mediterránea), entendidas como auténticas herramientas de programación metabólica temprana”, destaca la Dra. Seoane, quien reconoce que “el estómago, el músculo y la leche materna funcionan como laboratorios hormonales que programan nuestro peso futuro, y ahora estamos aprendiendo a leer y a copiar esos mensajes”.
Afinando el diagnóstico
Los progresos también proceden del campo diagnóstico, con la creciente validación e incorporación de nuevos recursos.
“El diagnóstico de la obesidad debe individualizarse y centrarse en la cuantificación del exceso de la grasa corporal”, reclama el Dr. Diego Bellido, jefe Servicio de Endocrinología y Nutrición del Complejo Hospitalario de Ferrol. Además del Índice de Masa Corporal (IMC), el presidente de SEEDO apunta que el índice cintura-altura es una determinación indispensable para valorar la distribución de la grasa corporal. Y, de la misma forma, reclama que “el abordaje morfofuncional tenga cada día más valor en un abordaje integral de la obesidad”.
Ejercicio y dieta, la base del éxito
Nutrición adecuada y ejercicio físico son, sin duda, la base de cualquier estrategia para prevenir o abordar la obesidad. Independientemente de los progresos registrados a nivel de investigación básica y clínica, el éxito en el manejo de esta enfermedad pasa necesariamente por adoptar cambios mantenidos en el estilo de vida, adaptados a las necesidades y situación particular de cada persona.
Respecto al ejercicio, el mensaje es claro: la obesidad no se aborda sólo perdiendo kilos, sino recuperando función. “El ejercicio físico es la herramienta central para transformar el estilo de vida, mejorar la capacidad física y generar cambios reales y sostenidos en la salud de la persona”, indica David Jiménez, catedrático en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, quien asegura que “las intervenciones con ejercicio, especialmente combinando fuerza y trabajo aeróbico, producen beneficios que ningún tratamiento aislado consigue: preservan la masa muscular, mejoran la función y reducen la fragilidad, siendo clave para un cambio duradero”.
Y es que el ejercicio no actúa sobre una sola causa, sino sobre múltiples dimensiones de la obesidad (física, metabólica, emocional y social), convirtiéndose en un pilar imprescindible de un abordaje integral y personalizado del estilo de vida. Según lo resume Jiménez, “el ejercicio físico genera un efecto FIMEES: impacta de forma simultánea en la dimensión Física, Metabólica, Emocional y Social de la persona, siendo una de las intervenciones más potentes para producir cambios reales y duraderos en la obesidad”.
En cuanto a la dieta, el grupo de trabajo de Atención Primaria de SEEDO ha elaborado recientemente una ilustrativa infografía que resume el plan de alimentación para perder peso, basado en 7 consejos prácticos y sencillos. Igualmente, resalta los tipos de dieta más comunes y recomendables (mediterránea, atlántica, DASH y baja en carbohidratos). El mensaje crucial, como sintetiza la nutricionista Cristina Porca, vocal de SEEDO y que trabaja en el Servicio de Endocrinología del Complejo Hospitalario de Ferrol, es que “el plan de alimentación debe ser individualizado, ajustado al gusto del paciente y supervisado por un profesional sanitario”.
Las bondades, y limitaciones, de los tratamientos farmacológicos
En los últimos meses se han acumulado una serie de novedades farmacológicas que han revolucionado el tratamiento de la obesidad. Sin embargo, como afirma el Dr. Cristóbal Morales, responsable de la Unidad de Salud Metabólica, Diabetes y Obesidad en el Hopital Vithas Sevilla y vocal de SEEDO, “los fármacos antiobesidad no son la solución final, es el inicio de la solución”.
En este sentido, se han consensuado una serie de recomendaciones de expertos para el manejo de la obesidad con terapias basadas en GLP-1 (GBT), donde se tienen en cuenta tanto consideraciones nutricionales (personalización, enfoque colaborativo, riesgo de desnutrición, apoyo especializado) como de actividad física (prescripción individualizada y adaptada, meta aeróbica -se recomiendan ≥150 minutos semanales de actividad aeróbica de intensidad moderada a vigorosa-, entrenamiento de fuerza, enfoque gradual). Además, se aconseja seguir una serie de recomendaciones esenciales antes de iniciar estos tratamientos, así como adoptar medidas particulares en la fase de pérdida de peso y la fase de mantenimiento, orientando también a los pacientes sobre el manejo de los efectos secundarios gastrointestinales, caso de presentarse, y sobre qué hacer en caso de que se plantee la discontinuación del tratamiento farmacológico en el contexto de una patología crónica como la obesidad.
Como recomienda la Dra. Sharona Azriel, del Servicio de Endocrinología y Nutrición Hospital Universitario Infanta Sofia (Madrid) y secretaria general de SEEDO, “la prescripción farmacológica en obesidad debe ser efectiva, segura y duradera: debemos pasar de una medicina basada en la evidencia a una medicina basada en la persona”.
Lo que está por venir
Pero esto es sólo el principio. Como vaticina el Dr. Morales, “la investigación en 2026 nos traerá fármacos 4P: más Potentes, más Precisos, más Populares y más Preventivos”.
De lo que no cabe duda es que la investigación en obesidad está entrando en una nueva etapa. Tras la revolución farmacológica, el foco se desplaza hacia la sostenibilidad de la pérdida de peso y la personalización del tratamiento. Por eso, se cree que 2026 será un año clave para comprender mejor la biología de la reganancia de peso y para desarrollar estrategias que permitan mantener el peso perdido a largo plazo.
En el ámbito de la investigación básica y clínica, a juicio de la Dra. Ana Belén Crujeiras, directora del grupo de Epigenómica en Endocrinología y Nutrición y co-coordinadora de la Unidad de Epigenómica en el Instituto de Investigación Sanitaria de Santiago (IDIS), “la investigación internacional está centrada en comprender por qué algunos pacientes recuperan peso y otros no, y en desarrollar estrategias que permitan mantener la pérdida de peso de forma sostenida”. Y es que la reganancia de peso, observada tras suspender medicación, tratamientos nutricionales e incluso cirugía bariátrica, sigue siendo uno de los mayores obstáculos para el control a largo plazo de la enfermedad.
Como aclara la vocal de SEEDO, “los nuevos fármacos son una herramienta potente, pero no definitiva”. En palabras de la Dra. Crujeiras, “el futuro pasa por personalizar tratamientos y actuar sobre la biología de la enfermedad, ajustando el tratamiento al perfil biológico de cada paciente. La investigación avanza hacia una obesidad tratada como el cáncer: con medicina de precisión”.
En concreto, entre otras muchas más líneas de trabajo, se están investigando biomarcadores predictivos, terapias epigenéticas, intervenciones multi-ómicas y reprogramación metabólica, porque el objetivo ya no es solo perder peso, sino mantenerlo sin luchar contra el cuerpo. “La reprogramación metabólica y las terapias epigenéticas serán la próxima gran revolución terapéutica”, asegura la experta en Epigenómica.
La investigación combina genómica, epigenómica, transcriptómica, metabolómica, microbioma, fenotipado metabólico y exposoma. Estas capas de información permiten crear huellas metabólicas individuales, esenciales para la medicina de precisión en obesidad.
Los nuevos enfoques terapéuticos buscan modificar la actividad de genes implicados en el almacenamiento de grasa (reprogramación epigenética), reducir la inflamación crónica del tejido adiposo, reequilibrar la comunicación intestino‑cerebro y evitar que el cuerpo active mecanismos de defensa tras perder peso con la meta final de mantener el peso perdido sin necesidad de tratamientos continuos.
