Una mayor ingesta de determinadas vitaminas del grupo B se relaciona con un menor riesgo de desarrollar cáncer de mama. Así lo recoge un estudio europeo liderado por investigadores del CIBER de Epidemiología y Salud Pública (CIBERESP), la Escuela Andaluza de Salud Pública, el Instituto de Investigación Biosanitaria ibs.GRANADA y la Universidad de Granada. La investigación, coordinada por María José Sánchez Pérez, aporta nuevas evidencias sobre la relación entre la alimentación y los mecanismos biológicos implicados en el desarrollo de esta enfermedad.
El trabajo, publicado en The American Journal of Clinical Nutrition, utiliza datos de la cohorte europea EPIC (European Prospective Investigation into Cancer and Nutrition). En total, se analizaron 6.134 mujeres de siete países europeos, de las que 3.067 habían recibido un diagnóstico de cáncer de mama invasivo y otras 3.067 formaban el grupo de comparación.
Los investigadores estudiaron el papel de nutrientes relacionados con el metabolismo de un carbono, un conjunto de procesos esenciales para el funcionamiento celular y la regulación de la actividad de los genes. Entre ellos se encuentran el folato y las vitaminas B2, B6 y B12.
Los resultados mostraron que una mayor ingesta de vitamina B2 (riboflavina) y vitamina B12 (cobalamina) se asociaba, por separado, con un riesgo de cáncer de mama aproximadamente entre un 6 % y un 7 % menor por cada incremento de una desviación estándar en su consumo. Por otra parte, las mujeres con una puntuación más elevada de ingesta conjunta de folato y vitaminas B2, B6 y B12 presentaron un riesgo un 17 % menor que aquellas con las puntuaciones más bajas.
No obstante, los investigadores piden prudencia a la hora de interpretar estos resultados. Dafina Petrova, investigadora corresponsable del grupo del CIBERESP, aclara que “estos resultados muestran una asociación estadística, pero no permiten afirmar que consumir más vitaminas del grupo B reduzca por sí mismo el riesgo de desarrollar cáncer de mama”.
El consumo de alcohol modifica la asociación
Otro de los aspectos analizados fue la influencia del alcohol. Los resultados sugieren que la relación entre una mayor ingesta de vitaminas del grupo B y un menor riesgo de cáncer de mama se debilita conforme aumenta su consumo.
Esta interacción podría estar relacionada con la capacidad del alcohol para interferir en el metabolismo del folato y en los procesos de metilación del ADN, que intervienen en la regulación de la actividad genética.
José María Gálvez Navas, primer autor del estudio e investigador del CIBERESP, advierte de que “los resultados no deben interpretarse como que una ingesta adecuada de vitaminas compensa los riesgos asociados al consumo de alcohol”.
Diferencias según el estado menopáusico
La investigación examinó la posible influencia de la predisposición genética mediante puntuaciones de riesgo poligénico, que reúnen información de distintas variantes genéticas relacionadas con el metabolismo de un carbono.
En el conjunto de las participantes no se encontró una asociación consistente entre estas puntuaciones y el riesgo global de cáncer de mama. Sin embargo, entre las mujeres premenopáusicas, una puntuación genética vinculada a una menor expresión de determinados genes en el tejido adiposo se relacionó con un riesgo un 12 % mayor de desarrollar la enfermedad.
Según el equipo investigador, “este hallazgo apunta a que determinados mecanismos genéticos podrían relacionarse con el riesgo de cáncer de mama de forma diferente según el estado menopáusico”. Los autores precisan que se trata de un resultado específico que necesita confirmación en otras poblaciones.
El estudio tampoco encontró interacciones estadísticamente significativas entre las variantes genéticas analizadas y los nutrientes estudiados en relación con el riesgo de cáncer de mama.
La investigación contó con la colaboración de otros grupos del CIBERESP vinculados a la Fundación para la Formación e Investigación Sanitarias de la Región de Murcia y al Instituto de Salud Pública de Navarra, así como de investigadores de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) y del Imperial College London.
Los resultados amplían el conocimiento sobre la relación entre nutrición, genética y cáncer de mama, el tumor más diagnosticado entre las mujeres. Según las estimaciones de la Red Española de Registros de Cáncer (REDECAN), en España se diagnosticarán más de 38.000 nuevos casos en 2026. La investigación refuerza el interés por estudiar cómo interactúan los factores alimentarios, genéticos y ambientales en el desarrollo de una enfermedad de origen multifactorial.
